Desde 1712 las capillas de la parroquia de Calbuco vienen reeditando la Festividad de los Indios Caciques o Fiesta de los Indios en honor a San Miguel Arcángel. Por tradición, esta fiesta se inicia con una novena y termina con una masiva procesión por las calles del pueblo en el Día de la Ascensión del Señor, en el mes de mayo.
La historia de la fiesta de San Miguel guarda relación con el alzamiento general de los indios de Chiloé el 10 de febrero de 1712 y la insubordinación del capitán del fuerte de Calbuco Alejandro Garzón Garricoichea. Los indios calbucanos que en un principio no se comprometieron con sus hermanos chilotes, por lo cual se les tildó de “reyunos traidores”, de improviso atacan al pequeño poblado ubicado en el sector de la Picuta, le prenden fuego y profanan la pequeña capilla del lugar.
En esta incursión despojan a lo peninsulares de la más preciada reliquia, la imagen de San Miguel Arcángel, estatua de madera policromada, perteneciente a la Escuela Quiteña y traída por los españoles desde Osorno en 1602. Los indios se llevaron la efigie a un escondite seguro y la mantienen a su merced por tres meses en la isla de Huapi Abtao. Entonces, interceden los jesuitas y exigen a los indios su devolución, pero éstos a su vez solicitan un mejor trato en el tableo de alerce en las cordilleras de Melipulli y Leteu, como asimismo conmemorar cada año como propia, una novena y fiesta en la cabecera parroquial de Calbuco en nombre del santo al que más admiraban por su belleza y por el respeto que imponía su figura.
Es interesante consignar que en toda la trayectoria de esta festividad religiosa, solamente se registra una suspensión con motivo de la peste de la viruela en marzo de 1905 la se que propagó desde la localidad de Machil en Puluqui y abarcó todo el archipiélago de Calbuco.
Preparación de las imágenes y ornamentos
Para la realización de la festividad, la pléyade de fiscales con 15 días de antelación, se reúne en la parroquia y nombran al Fiscal Mayor, al Patrón Mayor y al Procurador de la novena.
Cuando es tiempo de acudir a Calbuco, el fiscal congrega a los fieles la tarde anterior para rezar el rosario y dar las instrucciones sobre cómo conducirán las imágenes de la capilla, exhortando la mayor concurrencia. Luego, se extiende una invitación a los acordionistas para acompañar el pasacalle de los indios. El Patrón Mayor de la capilla inspecciona el estado de los estandartes y bandera chilena en tanto las patronas de imágenes limpian las efigies y dejan todo en orden para el día siguiente.
De mañana, abre la capilla el fiscal y el patrón toca la campana. Los primeros en llegar son dos muchachos quienes al son de bombo y caja llaman con su percusión a los feligreses que tímidamente se conglomeran en el portal del templo para iniciar al zarpe.
Las mujeres visten su mejor ropa, traen flores para adornar al santo o las vírgenes mientras los varones bajan de sus altares las figuras y las ponen en andas de madera muy bien ajustadas para no sufrir percances durante el trayecto hacia Calbuco.
La patrona de imagen guarda en una caja de bulto de antigua procedencia, los paños, velas, ornamentos y alcancía donde los fieles depositarán sus limosnas en la iglesia parroquial. Junto a dicho baúl llevarán otro más grande donde guardarán la imagen patronal de candeleros cuando termine la gran procesión por las calles de la ciudad.
Una vez que todo está dispuesto, sacan en andas las imágenes y bajo las instrucciones del Patrón Mayor se ordena la feligresía para encaminarse cantando hacia el embarcadero.
Adelante va el Patrón con su banderola y la banda de músicos, le siguen la imagen patronal y su estandarte, luego en fila, las Sociedades con la bandera patria y estandartes, con sus correspondientes advocaciones y en medio de todos ellos el Fiscal quien con su campanilla, canta junto al pueblo los gozos de sus devociones. Más atrás van los ayudantes portando las cajas o baúles con los ornamentos. Se da comienzo así al peregrinar hacia el templo donde se encuentra San Miguel Arcángel.
Una vez en la playa, bajan desde la chalupa los santos y los depositan cuidadosamente en la playa, luego sacan los baúles e instrumentos y se ordenan en procesión para encaminarse hasta la parroquia. Luego de haber llegado a su destino, se instalan en el frontis de la iglesia para solicitar al Patrón Mayor de la festividad autorización de su ingreso al templo.
El ritual es el mismo de siempre. El patrón mayor sale a recibirlos y se ubica al lado norte de la calle para realizar el batido de bandera. En tanto, por el opuesto ha tomado su lugar el patrón de la capilla visitante.
Ambos patrones mueven la banderola por los lados a la altura de la rodilla haciendo un ocho avanzan lentamente hasta quedar casi de frente. Luego hacen tres genuflexiones batiendo la bandera, procediendo en cada una a juntarlas en cruz como señal de unión. Terminado el ritual se saludan y abrazan. Con ello se autoriza la entrada de las imágenes a la iglesia de San Miguel. De esta manera, se da término a la primera etapa de la festividad y luego se da inicio a la novena.
La novena comienza cuando todas las capillas con sus imágenes han ocupado su aposento. Después de la novena se realiza la procesión por las calles de Calbuco. El Patrón Mayor de la fiesta va indicando el orden en que saldrán las capillas para la procesión. Cada capilla irá encabezada por los músicos para la interpretación del pasacalle o marcha de los indios. La procesión por las calles de Calbuco comienza cuando los fieles portando sus imágenes se han ordenado a lo largo de toda la calzada. Son 40 figuras entre grandes y chicas las que participan. La efigie del patrono San Miguel se encuadrada al final de la procesión como si fuera cuidando y protegiendo espada en alto a su pueblo.
Terminado el recorrido procesional, los fieles campesinos se alinean con sus imágenes frente al templo. San Miguel por el lado norte de la calzada espera el tributo de los patrones de las capillas mediante el batido de banderola y las genuflexiones de costumbre.